Calibración del pulverizador: la dosis correcta en 7 pasos

Calibrar es asegurarse de que la dosis impresa en la etiqueta del fitosanitario es la que realmente cae en la parcela. Cuando las dos se separan, pierdes dinero en ambos sentidos: la sobredosis desperdicia producto y aumenta el riesgo de dañar el cultivo; la infradosis deja el tratamiento sin efecto y te obliga a volver a entrar en la misma parcela: combustible, tiempo y un segundo depósito de producto.

La buena noticia: calibrar no es complicado. Hace falta una jarra graduada, un cronómetro y 20 minutos. Estos son los 7 pasos, simplificados para el uso en el campo.

¿Cuándo hay que calibrar?

  • Al comienzo de cada campaña, antes de la primera aplicación
  • Cada vez que cambia el juego de boquillas o se sustituyen boquillas sueltas
  • Al cambiar de tipo de aplicación (p. ej., de herbicida a fungicida, de bajo volumen a alto volumen)
  • Cuando el depósito se vacía claramente antes o después de lo que dicen las cuentas: es el sistema pidiéndote una calibración

Paso 1 — Empieza con un sistema limpio

Calibrar un sistema sucio es afinar una medición equivocada. Limpia el filtro de aspiración, los filtros de línea y los filtros de las boquillas, en ese orden; llena el depósito con agua limpia. Basta un solo filtro de boquilla obstruido para que baje el caudal de esa boquilla y se falsee toda la prueba.

Paso 2 — Mide tu velocidad real

El velocímetro del tractor miente, por el desgaste de los neumáticos y el patinaje, y tu dosis se desvía con ese error. Elige la marcha y las revoluciones a las que vas a pulverizar de verdad y mide la velocidad real de avance. Te basta con el móvil: nuestro Medidor de Velocidad GPS muestra la velocidad real y pasa el resultado directamente al cálculo de boquillas.

Paso 3 — Convierte el objetivo en un número

El caudal necesario por boquilla sale de una fórmula sencilla:

Caudal por boquilla (l/min) = Dosis objetivo (l/ha) × Velocidad (km/h) × Separación entre boquillas (m) ÷ 600

Ejemplo: un objetivo de 200 l/ha a 8 km/h con 50 cm de separación → 200 × 8 × 0,5 ÷ 600 = 1,33 l/min. Eso es lo que debe echar cada boquilla por minuto.

Si prefieres ahorrarte las cuentas, la calculadora de selección de boquillas hace el mismo cálculo y además te recomienda la boquilla y la presión adecuadas según el código de color ISO.

Paso 4 — Ajusta la presión, comprueba la boquilla

Hay dos caminos para llegar a un caudal objetivo: la boquilla adecuada o forzar la presión. El primero es el correcto. Buscar caudal subiendo la presión reduce el tamaño de gota y aumenta la deriva; el producto que cae en la parcela del vecino es a la vez una pérdida y una responsabilidad. Compara el código de color ISO de tu boquilla con el caudal objetivo: si no coinciden, cambia la boquilla, no la presión.

Paso 5 — La prueba del cubo

Este es el corazón de la calibración, y ninguna electrónica la sustituye:

  1. Pon el sistema a la presión de trabajo real
  2. Sujeta una jarra graduada bajo una boquilla durante exactamente 1 minuto
  3. Compara los litros recogidos con el objetivo del Paso 3

No te quedes en una sola boquilla; prueba al menos 3-5 repartidas por la izquierda, el centro y la derecha de la barra. Si se desvía una sola boquilla, el culpable suele ser su filtro o la propia boquilla; si se desvían todas a la vez, revisa la presión, el caudalímetro o la señal de velocidad. Una desviación de más de ±5% respecto al objetivo exige ajuste.

Paso 6 — Detecta el desgaste: la regla del 10%

Las boquillas se desgastan en silencio: el orificio se agranda, el caudal sube, el patrón de pulverización se deforma… y sobredosificas cada hectárea sin darte cuenta. La comprobación sencilla: prueba una boquilla nueva del mismo tipo a la misma presión. Si una boquilla usada echa más de un 10% por encima de la nueva, toca cambiar el juego. Un juego de boquillas es la pieza más barata de una máquina que lleva un depósito lleno de fitosanitario.

Paso 7 — Anótalo y repítelo

Apunta la fecha, el tipo de boquilla, la presión, la velocidad medida y el resultado de la prueba del cubo. En la próxima calibración tendrás una referencia y verás a qué velocidad se acumula la desviación. Incluso una comprobación rápida de 5 minutos con una sola boquilla a mitad de campaña detecta las sorpresas a tiempo.

De calibrar una vez al día a calibrar de forma continua

La calibración manual es una foto fija: correcta ese día, a esa velocidad, a esa presión. En el campo la velocidad cambia y, en un sistema convencional, la dosis se desvía con ella. El control automático de dosis cierra justo ese hueco: un controlador de dosis (a menudo llamado ordenador de pulverización) como el Nova 100 mide el caudal de forma continua, ajusta la válvula cuando cambia la velocidad y mantiene constantes los litros por hectárea. Se instala en tu pulverizador actual; la prueba del cubo sigue siendo tu verificación de cada campaña, pero el mantenimiento de la dosis del día a día pasa al equipo.

Preguntas frecuentes

¿A qué presión debo hacer la prueba del cubo?
Siempre a la presión de trabajo real a la que pulverizas. Una prueba a baja presión no dice nada de la realidad a alta presión.

¿Tengo que probar todas las boquillas una por una?
Para las comprobaciones rutinarias bastan 3-5 boquillas de distintas secciones de la barra. Si encuentras una boquilla que se desvía, amplía la comprobación a su alrededor.

El depósito sigue vaciándose antes de tiempo y mi calibración parece correcta: ¿por qué?
Los sospechosos habituales son el solape, las fugas o una mala señal de velocidad. El asistente Nova Support te guía paso a paso para descartarlos.


En lugar de hacer las cuentas a mano, usa las herramientas Selección de boquillas y Medidor de Velocidad GPS en el campo, desde tu móvil: gratis y sin registro.

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